Las calles del centro histórico, Cuernavaca
Cuernavaca adquiere el título de villa el 6 de julio de 1529, fecha en que Carlos V le otorgó a Hernán Cortés, mediante Cédula Real, el Marquesado del Valle; en ésta se mencionan “Las 22 Villas” que lo conforman, incluida Cuernavaca. El título de villa se corrobora en varios documentos y cédulas que se encuentran en el Archivo de Indias en Sevilla.
Durante la Colonia, las calles de esta villa tomaron informalmente sus nombres de los barrios, iglesias y sus santos; caminos, negocios, oficios, familias, edificios o lugares destacados y otros sitios que en ellas se encontraban.
Sus calles son sui géneris. Muchas no tienen sus banquetas paralelas, ya que se respetó el trazado indígena. Posteriormente, donde lo permitió el accidentado terreno, se adaptó el sistema europeo del orden geométrico, reticular y cuadrícula española.
Los nombres de las calles y plazas se cambiaron después de la Independencia y al triunfo de la Reforma, en 1866, por decreto del gobierno del Estado de México (al que en ese entonces pertenecía Cuernavaca), basado en el proyecto de Cecilio A. Robelo, publicado cinco años antes, el 13 de mayo de 1861, con el objeto de dar a conocer a la población y, especialmente, a la juventud, los nombres de los héroes y personajes destacados, y así también contar con una nomenclatura que sustituyera a la ya obsoleta que carecía de sentido.
Así tenemos nombres como calle de Las Lavanderas, después Bernal Díaz, llamada así en honor al cronista de La Conquista; hoy calle No Reelección. También el historiador de la Conquista Francisco López de Gómara tenía en su honor “su callejón”, el Callejón de Gómara, en la primera cuadra de lo que es hoy el Boulevard Benito Juárez. Todavía se encuentra ese nombre en una placa de la casa que fue de Cantinflas, donde hoy está el restaurante La Gaia.
La calle del Arco. Se llamó así, en su primera cuadra, a la hoy calle de Hidalgo, que desemboca en el Palacio de Cortés, por estar en ese punto la barda perimetral y su entrada de dos arcos con puertas (originalmente, el Palacio estaba rodeado de una barda y sus terrenos eran más amplios); la de los Curtidores, ahora Leyva, entre Las Casas y Abasolo; calle Tercera Orden, después del Depósito, por estar ahí el depósito de granos, en lo que hoy es La Casona, frente a la iglesia de la Tercera Orden de San Francisco, hoy calle Hidalgo; y el Callejón del Depósito se llamó a la hora calle Ruiz de Alarcón.
Del Molino, hoy Abasolo, entre Morelos y Netzahualcóyotl; del Caballo Calco, hoy Netzahualcóyotl; del Cordero, hoy Galeana, atrás del Palacio de Gobierno; del Buey, hoy Abasolo, entre Morelos y Obregón; Plazuela del Zacate (antes Sarmina), por venderse ahí zacate para los animales de carga que llegaban a traer mercancías al Mercado Colón (hoy Plaza de Armas), la Plaza de San Pedro, en donde estaba la iglesia de ese nombre, ya desaparecida, localizada donde ahora está el Teatro de la Ciudad, antes Morelos; la antigua calle de Santo Cristo, hoy Cuauhtemotzín, entre Galeana y Leyva; el Mercado Colón, después, Plaza Morelos (1911), luego, Jardín de los Héroes; posteriormente, de la Constitución; hoy, otra vez, Jardín Morelos (Plaza de Armas); Calle Nacional, hoy Avenida Morelos Centro; calle de Acapulco, hoy Matamoros y Galeana; del Mesón, hoy Comonfort; Tierra Fría, hoy Aragón y León; Pan de Agua, hoy Abasolo; de Ayalas, hoy Rayón, entre Comonfort y Galeana; calle de San José, después General Arteaga, hoy Morrow; Miguel Salinas, y Arteaga, calle de Jesús, hoy Tepetates; de la Cañadita, hoy Motolinía, entre Galeana y Leyva; de la Rinconada, hoy Comonfort, entre Morrow y Lerdo de Tejada.
El callejón Borda era antes del Curat, y antes, Camino a San Antón, y antes de Chautengo; la calle de las Moras se llamó después La Alameda, en el hoy viejo Club de Golf Cuernavaca; el Jardín Juárez se llamaba antes Paseo de la Cruz, por encontrarse enfrente la Capilla de la Cruz, en la esquina de Guerrero y Jardín Juárez, junto al edificio Bellavista; después, genéricamente, se nombró el zócalo; después, Paseo de Maximiliano y Paseo del Kiosco. El nombre de la calle Las Casas tiene su origen en las casas de mala nota de Cuernavaca, no en Fray Bartolomé de las Casas; después el nombre se ratifica oficialmente en 1866, tal vez ignorando su origen. Muchas de estas calles cambiaban de nombre de una cuadra a otra, era un desorden que confundía a los no oriundos.
La actual calle Guerrero se llamó inicialmente de San Miguel, y después, “Avenida Guerrero”; nunca se llamó ni se llama como el héroe nacional Vicente Guerrero, sino simplemente “Guerrero”; esto en razón del vecino estado.
Su nombre tiene origen popular, se le llamó así entre 1849, fecha en que se funda el Estado de Guerrero, y el año de 1866, cuando se cambia el nombre de las calles y queda oficialmente con esta designación; lo anterior se debe a que en esa calle se fueron estableciendo, de manera ambulatoria o semifija, comerciantes que venían del vecino Estado de Guerrero, principalmente de Buena Vista de Cuéllar, Iguala y alrededores, a vender alimentos lácteos, como mantequilla en hoja de totomoxtle (como tamal) y otros productos: moles, chiles secos y verdes, granos, semillas; además de aves y otros animales vivos para consumo que los mismos vendedores iban a “preparar” (dejándolos listos para cocinarse) a la casa de quien los adquiría.
Este costumbrismo fue desapareciendo poco a poco. Estos productos siguieron llegando de puerta en puerta a nuestras casas hasta la década de los años 50, en que todavía me tocó verlo. Esto lo contaba mi profesor Agustín Güemes Celis (que también fue maestro de mi padre). Antes, la calle de Guerrero se llamó calle de San Miguel por estar ahí la iglesia (donde hoy está el Edificio Mitre) y barrio de ese mismo nombre. Su última cuadra, entre Arista y Puente Carlos Cuaglia, antes “Puente de Oacalco”, se llamó Orilla de Oacalco.
Con el tiempo, también llegaron a esa misma Avenida comerciantes del Estado de México, que traían, entre otros alimentos, aceite de olivas, aceitunas, chorizos, “queso de cabeza de puerco” envuelto en una especie de petate de palma, lechones, corderos lechales; estos últimos también los preparaban y dejaban listos para cocinarse en las céntricas casas de los cuernavacenses que los compraban, sobre todo en las fiestas decembrinas. También llegaba pulque y aguamiel de Huitzilac, traído por tlachiqueros a lomo de burro o caballo en odres (recipientes de piel de borrego), una especie de gran bota de vino española.
Éste era el comercio alimentario en el Centro de nuestra ciudad en la segunda mitad del siglo XIX y hasta principios del XX; era y es a la fecha la calle más comercial y bulliciosa de Cuernavaca. A esta calle, alrededor de 1900, se le impuso temporalmente el nombre de Porfirio Díaz, pero al llamado “triunfo” de la Revolución, se regresó al nombre de Guerrero, que tenía oficialmente desde 1866. Antes de 1910, los comercios establecidos estaban alrededor del Mercado Colón, en los Portales Eguía, Primavera y Aurora; después se fueron mudando a la calle Guerrero, que daba al mercado nuevo.
Extracto del libro por publicarse, FUNDACIÓN, (D.R.) El autor es Diplomado en Administración Pública por la Diputación de Barcelona, España, investigador de la Historia del Estado de Morelos, miembro del Consejo Directivo y fundador del Consejo de Cronistas de Cuernavaca A.C.
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