El Maguey


Perteneciente a la Familia:


Amaryllidaceae. Esta familia está conformada por más de 120 especies, entre las que destacan Agave potatorum Zucc, Amarilidáceas (Tobalá) y el Agave angustifolia Haw (espadín), ya que por sus características vegetativas al ser transformadas en mezcal, dan una calidad y sabor inconfundible a la bebida.



Nombre científico (género y especie):


En la actualidad, el término comúnmente utilizado en México para nombrar al agave, es maguey.

Nuestro país es el centro de origen de la familia Agavaceae, a la que pertenecen ocho géneros, entre ellos el género Agave. De las 273 especies descritas de esta familia, que se distribuye en el continente americano –desde Dakota del Norte, EUA, hasta Bolivia y Paraguay– en México se encuentra la mayor diversidad con 205 especies, de las cuales, 151 son endémicas. Los estados más ricos en número de especies son Oaxaca, Chihuahua, Sonora, Coahuila, Durango y Jalisco.



Descripción de la planta:


Los magueyes son plantas de hojas en roseta, gruesas y carnosas, dispuestas sobre un tallo corto cuya piña inferior no sobresale de la tierra.

La mayor parte de dichas plantas pertenece al género "Agave L.". De éste genero, en México hay más de 400 especies.



¿Cómo es su reproducción?


"El árbol de las maravillas, es el maguey, del que los nuevos o chapetones (como en Indias los llaman), suelen escribir milagros, de que da agua y vino, aceite y vinagre, miel, arrope e hilo, aguja y otras cien cosas". Así escribió el jesuita José de Acosta en su Historia Natural y Moral de las Indias.

Hoy día, como desde hace siglos, los magueyes o agaves con sus imponentes tamaños y extravagantes formas, caracterizan los paisajes de las zonas áridas y semiáridas de nuestro país y contribuyen a la conservación y retención del suelo; en algunas regiones se cultivan delimitando bordos o terrazas para evitar la erosión y el deslave de las tierras. Su cultivo hace posible la ampliación de la productividad agrícola en zonas frías y calientes.

"Son muy agradecidos –comentan los campesinos cuando hablan de ellos– se dan donde quiera que uno los siembra, aunque ya estén marchitos". Los magueyes se reproducen principalmente, por los hijuelos que se desarrollan en la base del tallo de la planta madre, o bien por las semillas que produce la floración; ésta, que ocurre solamente una vez en la vida de un maguey, es el irremediable anuncio de su muerte.

Medio donde habita:


El medio donde habita es terrestre, principalmente en las zonas áridas o semiáridas de América.

Tipo de ecosistema donde se encuentra

El Maguey se localiza principalmente en las estepas, esta región natural tiene clima seco, es decir, en esta región las temperaturas son altas durante el verano y muy bajas en el invierno



Características del medio físico (luz, temperatura, humedad, etc.)

La estepa es una región poco lluviosa, aunque no tan seca como el desierto. Se caracteriza por tener veranos calurosos e inviernos muy fríos. Tiene dos períodos de lluvias escasas. Las regiones con este clima son secas, porque las montañas que las limitan impiden el paso del aire húmedo de los océanos.

La baja cantidad de lluvia y humedad, crea un ambiente difícil para la existencia de plantas y animales. Un paisaje común de la estepa es una gran llanura con matorrales espinosos y de hojas pequeñas, pastos duros y ralos, arbustos, algunos cactus y magueyes.

¿Cómo se adapta al ambiente para sobrevivir? (mecanismos de adaptación)
Especie cultivada que generalmente se propaga por hijuelos y se trasplanta a las orillas de las milpas, donde se deja crecer para formar las terrazas en los diferentes sistemas agrícolas de laderas. Una vez que florea, éste empieza a morir

Acciones que podemos tomar para la conservación de esta especie

Es recomendable que cuando el maguey suelte sus hijuelos, busquemos un lugar para sembrarlos, ya que se ha demostrado la infinidad de usos que tiene esta planta, por ejemplo, el "agua miel", se usa para curar las inflamaciones. También se dice lo mismo del pulque que sirve para aumentar la sangre.

Las hojas son usadas para curar la gastritis, diabetes, granos enterrados, cicatrizar heridas y para aliviar la tos. Además, se emplea en enfermedades del sistema digestivo, endocrino, heridas y desórdenes del sistema respiratorio y cutáneo.

La recolecta y aprovechamiento de los diferentes productos que provee el maguey, se realizan durante todo el año. El maguey se prepara o capa justo antes de que emerja el escapo floral, para la extracción del aguamiel; éste produce dicho líquido durante 6 a 9 meses, según el cuidado que se le de en el proceso del raspado. Las flores se colectan principalmente en época de secas. Después de florear se pueden cortar las hojas o pencas para la extracción de fibras de mixiote y para la elaboración de la barbacoa. En los meses de abril y mayo, se recolecta también el gusano de maguey que se encuentra refugiado entre el tejido de las hojas, para lo cual, la planta tiene que ser destruida, por eso es recomendable hacerlo después de que el maguey floreció; sin embargo, no siempre se hace esto por la gran demanda del producto.

Anécdota
Crean combustible no contaminante del maguey y la caña de azúcar.

El investigador del IPN, Sergio Trejo Estrada, informó que en Puebla, Tlaxcala e Hidalgo, se desarrollará un proyecto de biotecnología industrial agrícola para obtener un combustible no contaminante del maguey y la caña de azúcar.

El investigador del Centro de Investigaciones en Ciencias Aplicadas del IPN, señaló en entrevista que el proyecto consiste en destilar alcohol de agaves y caña de azúcar. Precisó que en Puebla e Hidalgo, el proyecto tendrá un retraso debido a las contingencias meteorológicas en las zonas donde habrá de impulsarse, pero en Tlaxcala se aplicará en un plazo de dos años en dos ranchos de Nanacamilpa y Calpulalpan.

En esas áreas, comentó, se sembrarán hasta 45 hectáreas de maguey para obtener alcohol carburante a partir de las insulinas y azúcares, que al destilarse se convertirán en el alcohol carburante, cuyo fin es reducir la contaminación ambiental por combustión en automotores.

Explicó que este proyecto ya fue aplicado en pruebas, en el Valle de México, en automóviles de estudiantes del IPN, combinando el alcohol carburante obtenido de la destilación de magueyes y caña de azúcar.

Añadió que se utilizó 10 por ciento de alcohol carburante con 90 por ciento de gasolina, reduciéndose hasta en 50 por ciento la emisión de óxido de carbono y otros gases resultado de la combustión en automotores.

Un beneficio adicional del proyecto, dijo el investigador, es dar utilidad a las áreas sembradas de maguey que se encuentran destinadas a la producción de aguamiel, para pulque y cuya producción ya no es rentable.

Otra anécdota:

La tilma o ayate, especie de capa usada por los primitivos indígenas mexicanos, es el soporte donde se estampó milagrosamente la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre de 1531. Consta de dos lienzos de burda tela de fibra de maguey (agave) de cerca de l.70 mts. por l.05 mts., unidos en el centro por una costura de hilo del mismo origen.

Otra anécdota más:

Muchos autores piensan que la primera sílaba de la palabra México, se origina de la palabra nahuatl metl, maguey. La razón de que esta raíz haya seducido a muchos autores, es que en el Códice Mendocino, el fundador mítico de México es representado como un maguey (metl), sobre la espalda Tzin (tli), esto es, Metzin o Mexitzin. Igualmente, por el hecho que la planta del maguey tiene relación con una agricultura estable.

Comentarios
El maguey es una forma prehispánica de denominar la amplia variedad de agaves.

El uso de los agaves se remonta a la época precolombina, cuando los pueblos indígenas encontraron en esta maravillosa planta una fuente abastecedora de materia prima para elaborar cientos de productos. De las pencas obtenían hilos para tejer costales, tapetes, morrales, ceñidores, redes de pesca y cordeles; las pencas enteras se usaban para techar las casas a modo de tejado, los quiotes secos (tallo floral que alcanza más de tres metros), servían como vigas, como cercas para delimitar terrenos y, además, se puede tomar el jugo que suelta y se tira el gabazo. Las púas o espinas se utilizaban como clavos y como agujas; de las raíces se elaboraban cepillos, escobas y canastas; del jugo del maguey, además de la miel, se obtenía la bebida ritual por excelencia: el pulque, pero también, con el maguey se pueden elaborar otras bebidas como el tequila y el mezcal.

Sin embargo, de esta multiplicidad de usos, sólo unos cuantos han prevalecido y se han transformado a lo largo de la historia.

El maguey, el pulque y la leyenda


La planta del maguey, particularmente la del agave atrovirens, sorprendió a los primeros españoles que llegaron a los territorios de Nueva España. El jesuita Joseph de Acosta publicó en 1590 la Historia Moral y Natural de las Indias; en el capítulo 23 del libro IV recogió las opiniones que sobre el maguey expresaban los ’’chapetones", o sea, los españoles recién llegados a nuestras tierras. Entre los muchos productos señalados como aportaciones del maguey a nuestros antiguos pueblos, se hallaba el ’’arrope", voz de origen árabe que designaba el mosto o jarabe de frutas, incluso el almíbar:

El árbol de maravillas es el maguey, de que los nuevos o chapetones... suelen escribir milagros, de que da agua y vino, y aceite y vinagre, y miel, y arrope e hilo, y aguja, y otras cien cosas. Es un árbol que en la Nueva España estiman mucho los indios, y de ordinario tienen en su habitación alguno o algunos de este género para ayudar a su vida, y en los campos se da y lo cultivan. Tiene unas hojas anchas y groseras, y el cabo de ellas es una punta aguda y recia, que sirve para prender o asir como alfileres, o para coser, y ésta es la aguja, sacan de la hoja cierta hebra e hilo. El tronco, que es grueso, cuando está tierno le cortan y queda una concavidad grande, donde sube la sustancia de la raíz, y es un licor que se bebe como agua, y es fresco y dulce; este mismo, cocido, se hace como vino, y dejándolo acedar se vuelve vinagre; y apurándolo más al fuego es como miel; y a medio cocer, sirve de arrope, y es de buen sabor y sano; y a mi parecer es mejor que arrope de uvas. Así van cociendo estas otras diferencias de aquel jugo o licor, el cual se da en mucha cuantidad, porque por algún tiempo cada día sacan algunas azumbres de ello.

La palabra maguey es de origen taíno. En náhuatl es metl, nombre vinculado con la voz mayauetl o mayahuel, divinidad femenina asociada con la planta misma y con la embriaguez. Una tradición la relaciona con Quetzalcóatl: el dios le pide que lo acompañe al mundo y al estar en la tierra ambos se convierten en un árbol de dos ramas, lo que sugiere una fusión plena de las dos divinidades. La abuela de Mayahuel llegó al lugar con las tzitzimime, entidades temibles de los aires. Se acercaron al árbol, cortaron la rama que correspondía precisamente a Mayahuel y la comieron. Cuando Quetzalcóatl recobró su forma, recogió los restos de Mayahuetl y los enterró: de ellos surgió el metl, el maguey. Sahagún refiere una versión más: Mayahuel es el nombre de la primera mujer que perforó los magueyes para extraer el aguamiel, base del pulque. Alva Ixtlixóchitl agrega otra: a Quetzalcóatl se le conoció como Ce Acatl Topiltzin, último rey de Tula; en esta versión es hijo de Tecpancaltzin, cuya mujer fue Xóchitl, considerada también la descubridora del pulque.

Fuente: Carlos Montemayor

Que una figura tan relevante como el dios Quetzalcóatl estuviera en la antigüedad ligado en varios sentidos al maguey, a las divinidades femeninas relacionadas con la planta y al consumo del pulque, revela el largo periplo del agave atrovirens en las culturas mesoamericanas. Sahagún consignó la tradición según la cual Quetzalcóatl reinaba sabiamente en Tula, practicando penitencias mediante la punción de ciertas regiones de su cuerpo con púas de maguey. Otros sacerdotes y dioses llegaron a Tula y lograron embriagarlo con pulque, para así desterrarlo. Francisco Javier Clavijero refiere que el reinado de Quetzalcóatl en Tula concluyó porque Tezcaltipoca lo embriagó con pulque. En los Anales de Cuauhtitlán, los ’’demonios" que atacan a Quetzalcóatl cuando reinaba en Tula, fueron Tezcaltipoca, Ihuimécatl y Toltécatl. El tercer engaño al que lo sometieron fue un banquete donde bebió cinco vasijas de pulque. Ya embriagado, lo persuadieron a que invitara a su hermana, Quetzalpétatl, dedicada como él a la penitencia. Ella habitaba en el cerro de Nonohualca y acudió a la invitación; confiada por hallarse junto a su hermano, se embriagó también con cinco jícaras del mismo licor.

El consumo del pulque formó parte de rituales y ceremonias muy extendidas en nuestros antiguos pueblos que se vinculaban con otros órdenes sagrados como el juego de pelota y las ceremonias de curación. La voz pulque proviene del náhuatl poliuhqui, ’’descompuesto", ’’echado a perder", pero en náhuatl se le sigue llamando octli, nombre genérico para ’’vino" o bebida embriagante. A menudo se le llama con las voces neutle o neutli, derivados del náhuatl necuhtli, ’’miel". En ocasiones se le ha designado con otra voz náhuatl: tlachique, sustantivo plural que se aplicaba a oficiales encargados de raspar el maguey y preparar el pulque que se ofrecía durante las ceremonias religiosas; como tales oficiales eran nobles o grandes personajes, a menudo se les llamaba tecutlachique. El diccionario de la lengua náhuatl de Rémi Simeón registra la voz tlachiquilizpan como el ’’tiempo", ’’estación" o ’’época del año" en que se extrae el aguamiel y, asimismo, enlista la voz tlachiquiliztli como ’’raedura", ’’acción de rascar" una cosa.

Un relato del arqueólogo César Lizardi Ramos sobre las excavaciones que dirigió en Huapalcalco, Hidalgo, da cuenta que en el territorio que ahora es Tulancingo se perforaba y raspaba el maguey productor de pulque, el agave atrovirens, desde el siglo quinto antes de nuestra era. Veamos el relato completo:

’’Al excavar los rectángulos del suelo más cercanos al lado poniente del Ruedo del Charro, en capas del Preclásico superior, se halló un utensilio de obsidiana que -lo digo con rubor y remordimiento-, estuvo a punto de perderse, ya que al preguntarme el peón que hacía la excavación, bajo mi vigilancia más esmerada, si guardaba el objeto en la bolsa de recolección, para entonces harto henchida, le contesté ’’no" e hice señas para que lo arrojara lejos. El peón obedeció pero en ese punto pensé que había yo procedido atolondradamente y di contraorden: ’’tráelo acá". El trabajador salió del hoyo excavado, recogió el objeto y me lo dio. Era un utensilio, ¿para cuál uso? El trabajador me lo explicó: era un raspador de maguey. Sus palabras me agitaron: ¿cómo sabía él que aquello era un raspador de maguey? Y si acertaba, ¿no indicaba el hallazgo que se beneficiaba el maguey en el Preclásico Superior, es decir, hacia el siglo V antes de la Era? Y si se beneficiaba el maguey y se extraía el aguamiel, ¿no era ello indicio de que preparaban una bebida parecida, o igual a la que hoy llamamos pulque y que los aztecas llamaban octli?

También podía probarse, o por lo menos insinuarse fundándose en hechos elocuentes, que dicho beneficio era desde entonces muy semejante a como es hoy en día, y que el maguey después de una vida fecunda, durante la cual suministraba al hombre una bebida exquisita y alimenticia, materiales de construcción, medicina y demás, termina finalmente como combustible. En los yacimientos arqueológicos los hemos excavado o por lo menos reconocido, encontramos esas piezas de obsidiana y otros minerales, que los arqueólogos llaman raspadores terminales, junto a cenizas blancas de magueyes antiguos, entre los cuales no es raro el hallar púas de la providente planta.

Y el contemplar esta similitud entre el tlachiquero de hoy y el labriego de hace veinticinco siglos, o más, nos invade una admiración muy honda por este fenómeno de persistencia de costumbres que nos sugiere el juego poderoso de una voluntad de vivir ineluctable, irresistible..."

He mencionado ya la relación del pulque con un elemento esencial de estas viejas culturas: el juego de pelota. Hace tiempo comenté a los lectores de La Jornada que un bajorrelieve del Tajín muestra a un jugador sacrificado pidiendo a las divinidades del inframundo que llene de pulque un amplio recipiente: es un enviado de los seres humanos para suplicar por la abundancia de aguamiel y pulque, por la prodigalidad del maguey, por su protección y cuidado. Las caritas del Tajín llamadas sonrientes, caracterizadas por la irrefrenable risa, acaso representan la alegría primera que la embriaguez del pulque produce. Esa sonrisa sería otra aportación del maguey en la cultura mesoamericana.

Manuel Alvarez Bravo: Ironizar a México


El fotógrafo de más renombre en América Latina, Manuel Álvarez Bravo es la piedra clave de este arte en México. Cuando empezó a fotografiar en los años veinte y treinta, su capacidad innata fue reconocida por artistas que constituyen un auténtico "quién es quién" de la lente: Edward Weston, Tina Modotti, Paul Strand y Henri Cartier-Bresson. El respeto que engendró fue encapsulado en la respuesta de Cartier-Bresson cuando alguien notó semejanzas entre la imaginería de Álvarez Bravo y la de Weston: "No los compares, Manuel es el verdadero artista". El ojo único de Álvarez Bravo era tal que el fundador del surrealismo, André Breton, lo buscó en 1938 para encargarle una imagen para la portada del catálogo de una exposición surrealista en París (el fotógrafo cumplió con su conocida imagen, La buena fama durmiendo, aunque no la pudieron publicar en la portada por ser un desnudo). A pesar del reconocimiento de tales luminarias, Álvarez Bravo tenía muy poca visibilidad en los Estados Unidos antes de una modesta exhibición de 1971 en el Pasadena Art Museum (California), que luego pasó sin pena ni gloria por el Museum of Modern Art de Nueva York. Exposiciones subsecuentes en la Corcoran Gallery of Art en Washington D.C. (1978) y el Museum of Photographic Arts (San Diego, 1990) hizo a Álvarez Bravo aún más conocido, pero su consagración fue asegurada con su regreso al MOMA de Nueva York en 1997 para su exhibición definitiva de 175 fotos.

Cuando Álvarez Bravo empezó a fotografiar, la efervescencia cultural de la pos-Revolución había desencadenado una búsqueda de identidad nacional y la ardiente cuestión para los fotógrafos fue qué hacer con el exotismo intrínsico del país. Influido quizá por su relación con Weston y Modotti, Álvarez Bravo fue el primer fotógrafo mexicano en adoptar una postura militante de anti-pintoresquismo. Recibió reconocimiento internacional por su obra que llegó a la cumbre de su creatividad entre los años veinte y cincuenta, periodo en el cual desarrolló una compleja manera de representar a su país. Consciente tanto de la extraordinaria variedad de culturas en México como de la forma en que la otredad se convertió casi de manera natural en imágenes estereotipadas, Álvarez Bravo siempre ha nadado a contracorriente de los clichés establecidos, utilizando la ironía visual para contradecir lo que aparentemente decía al principio, para invitar así a quien la mira a la tarea de interpretarle.

Considerese, por ejemplo, Sed pública, la foto de 1934 de un niño campesino tomando agua del pozo del pueblo. Esta imagen contiene todos los elementos necesarios para ser pintoresca: el joven campesino, vestido con calzón blanco típico, se encarama en la fuente deteriorada de su pueblo para tomar el agua que de allí fluye; detrás, una pared de adobe proporciona textura. Pero, la luz en la imagen parece concentrarse en el pie que se encuentra en un primer plano, un pie demasiado particular, demasiado individual para poder representar a los campesinos mexicanos, y así su otredad. Es el pie de este niño, no un pie de campesino típico, y va en contra de las expectativas del pintoresquismo creadas por los otros elementos, "salvando" así la imagen a través de su propia particularidad.

Se puede apreciar una táctica similar en Señor de Papantla (1934), en la cual un indígena está parado frente a la cámara aunque no la mira, con la espalda contra la pared. Aquí, como en la imagen del niño, los elementos presentes en la foto parecerían volverla pintoresca: ropa blanca de campesinos, pies descalzados, pared de adobe, además del sombrero y la bolsa de palma. Sin embargo, una vez que ha despertado nuestra anticipación de lo exótico, Álvarez Bravo va a contracorriente con un arte que rechaza lo fácil. El indígena no se digna mirar a la cámara. Muchas veces se piensa que captar a la gente que mira a la cámara es la estrategia estética más efectiva para representarla de una manera más activa, rescatando su capacidad de actuar en el mundo, y negando así, hasta cierto punto, la tendencia de la cámara de reducirla a la calidad de objeto. Pero aquí, Álvarez Bravo da otra vuelta a la tuerca al presentarnos a un indígena quién, al apartar la mirada, parece decir despectivamente, "Puede sacar todas las fotos que quiera, forastero. ¿A quién le importa lo que usted haga?"


Sed pública.
Manuel Alvarez Bravo 1933
Señor de Papantla.
Manuel Alvarez Bravo 1934

La búsqueda de la mexicanidad le llevó a reconfigurar símbolos nacionales. Por ejemplo, Arena y pinitos es una imagen temprana de los años veinte que demuestra que el joven Álvarez Bravo fue influenciado, no sólo por el pictorialismo, sino también por el enorme interés de aquel entonces en el arte japonés. Infundiendo formas artísticas internacionales con significado mexicano, Álvarez Bravo crea el trasfondo a su "bonsai" con lo que es esencialmente un mini-Popocatepetl, uno de los volcanes que dominan el valle de México. Otro ejemplo es la foto, Colchón, de 1927 de un colchón enrollado. Aquí, decidió no utilizar el "folklórico" petate, con su textura exquisita que proporcionó profundidad a las naturalezas muertas de Weston y Modotti. En su lugar Álvarez Bravo fotografió un colchón moderno, pero con el truco que sus rayas de colores hacen que se parezca a los famosos sarapes de Saltillo. En su imaginería recurrente de los magueyes vemos su interés en jugar con este símbolo ubicuo de la cultura mexicana; en una foto "moderniza" el maguey al hacerlo aparecer como si el pistilo que brota de estas plantas se convirtiera en una antena de televisión.



Maguey y pared dentada. Manuel Alvarez Bravo 1976




Obrero en huelga, asesinado.
Manuel Alvarez Bravo 1934
Siempre se habla de lo político de Álvarez Bravo con relación a su fotografía más famosa, Obrero en huelga asesinado (1934). Sin embargo, aunque el fotógrafo rechaza al nacionalismo oficial tan contundentemente como al pintoresquismo, esta imagen es problemática: su significado está determinado por el título adscrito a ella, el cual podría haber sido influido por el compromiso de Álvarez Bravo con la LEAR (Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) durante los años treinta. Yo argumentaría que, al contrario, la política de Álvarez Bravo -y su búsqueda de la mexicanidad- se puede encontrar mejor en su acercamiento a la vida cotidiana de los humildes que en comentarios sociales explícitos. Su imaginería es un retrato modesto, casi transparente, de individuos que parecen haber sido "encontrados" en sus habitats naturales en lugar de haber sido "creados" a través de una retórica visual llamativa. La de Álvarez Bravo es una estética sumamente templada que evita la expresividad evidente, una técnica casi invisible diseñada para captar a gente anónima en actividades ordinarias, donde no está ni romantizada ni se vuelve sentimental. Un ejemplo perfecto es La mamá del bolero y el bolero, una imagen exquisita de los años cincuenta en la cual una madre visita a su hijo para llevarle alimentos y comer con él mientras descansa de su tarea de bolear zapatos.

Manuel Álvarez Bravo ha sido una influencia definitiva sobre la fotografía mexicana y latinoamericana. Su rechazo del pintoresquismo fácil, su ironía insistentemente ambigua, y su rescate de la gente común y su subsistencia cotidiana ha marcado un camino de altas exigencias para los fotógrafos de América Latina.



Biografía mínima

Nació en el DF el 4 de febrero de 1902. Asistió a escuelas católicas del 1908 al 1914, pero se puso a trabajar en 1915. Empieza a aprender fotografía pidiendo asesoría de proveedores de materiales fotográficos. La llegada de Edward Weston y Tina Modotti en 1923 es crucial para el desarrollo de Álvarez Bravo y compra su primera cámara en 1924. Gana su primer premio en 1931 y decide trabajar de tiempo completo en la fotografía, en parte haciendo foto fija para producciones de cine. Conoce a André Breton en 1938 y su obra es incluida en una exhibición surrealista en París. En 1942, el Museum of Modern Art de Nueva York adquiere las primeras obras de Álvarez Bravo y, en 1955 sus fotos son incluidas en la famosa exhibición, Family of Man, curada por Edward Steichen. Durante 1959, Álvarez Bravo dejó de trabajar en la industria del cine y se volvió fotógrafo de libros de arte importantes para el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, del cual fue fundador. Álvarez Bravo dejó el Fondo en 1980 para trabajar con el imperio mediático, Televisa, y su colección de fotografía fue exhibida y publicada en tres tomos. En 1996, la colección de Álvarez Bravo se mudó al Centro Fotográfico Álvarez Bravo en Oaxac.

El Pulque

El pulque fue en Mesoamérica lo que el vino fue para los pueblos mediterráneos. El pulque fue una bebida ritual para los mexicas y otros pueblos mesoamericanos. Era la bebida que se daba en las bodas, que se les daba a beber a los guerreros vencidos que iban a ser inmolados, la que se usaba en importantes ceremonias religiosas, etc. Estuvo tan arraigada en la cultura autóctona, que no bastaron 300 años de esfuerzos de las autoridades coloniales para eliminar su consumo, ni han bastado tampoco 176 años de esfuerzos de la sociedad independiente por desprestigiarla y tratar de sustituirla por otras bebidas obtenidas por fermentación, muy altamente prestigiadas por ser originarias de los pueblos europeos, cuya cultura se ha impuesto, como la cerveza y el vino, que cuentan con los medios masivos de comunicación para exaltar sus virtudes y el buen gusto que implica el consumirlas y ofrecerlas. A pesar del constante bombardeo propagandístico de los medios de comunicación, no se ha logrado eliminar la práctica ancestral de consumir pulque en las comunidades rurales y, todavía en escala significativa, en las ciudades. El pulque es el producto de la fermentación de la savia azucarada o aguamiel, que se obtiene al eliminar el quiote o brote floral y hacer una cavidad en donde se acumula el aguamiel en cantidades que pueden llegar a seis litros diarios durante tres meses. Para recogerlo se utiliza el acocote, que es una calabaza alargada que sirve como pipeta de grandes proporciones. El aguamiel se consume directamente, siendo una bebida de sabor agradable que contiene alrededor de 9% de azúcares (sacarosa). Se puede beber cruda o hervida. Cuando se consume cruda existe el peligro de que las saponinas que contiene, al tocar la piel junto a la boca, la irriten produciendo ronchas. Los mexicas, en su peregrinación desde Aztlán o Lugar de las Garzas, en busca de Tenochtitlán, aprendieron a fermentar este jugo azucarado al que atribuyeron propiedades mágicas. Esta bebida, llamada octli, tuvo una gran importancia a juzgar por los testimonios pintados en diversos códices. A la llegada de los españoles, este vino blanco perdió, junto con su nombre (octli), su categoría y pasó, con el nombre de pulque, a ser la bebida de los pobres, quienes han mantenido su afición a él hasta nuestros días. El nombre pulque con el que los españoles denominaron a esta bebida da idea de la degradación en categoría que sufrió, ya que, según Núñez Ortega, este nombre deriva de poliuqui, que significa descompuesto. Posiblemente impresionó a los conquistadores oír exclamar a los indígenas, cuando se les daba un pulque de mala calidad, octli poliuqul, es decir pulque malo o descompuesto, de manera que el adjetivo aplicado a la bebida descompuesta fue lo que pasó al español, en vez del octli, que era el nombre de la bebida. El pulque, a pesar de los intentos por erradicar su consumo, sigue siendo utilizado hasta nuestros días y forma parte importante del folklore mexicano. MANUFACTURA DEL PULQUE El procedimiento tradicional, que data desde las épocas prehispánicas, consiste en recoger el aguamiel y colocarlo en un recipiente de cuero, donde se lleva a cabo la fermentación provocada por la flora natural del aguamiel. Esto constituye la semilla con la que se inocularán las tinas de fermentación, también de cuero, con capacidad de aproximadamente 700 litros. Conforme la fermentación avanza, es controlada por catadores que vigilan la viscosidad y sabor para determinar el momento en que se debe suspender. Una vez hecho esto, se envasa el pulque en barriles de madera y se distribuye en los expendios llamados pulquerías. El pulque es una bebida blanca con un contenido alcohólico promedio de 4.26%. Entre los principales microorganismos que intervienen en la fermentación se cuentan el Lactobacillos sp. y el Leuconostoc, que son los que provocan la viscosidad, y la Saccharomyces carbajali, que es la levadura responsable de la fermentación alcohólica. El pulque es elaborado con la savia del Agave atrovirens. Otros agaves son aún más ricos en azúcares y por lo tanto productores de materias primas susceptibles de ser fermentadas. Por ejemplo, el Agave tequilana, del que se obtiene la bebida alcohólica llamada tequila, es una planta con un alto contenido de azúcares en todas sus partes, especialmente en su tallo o piña, que es donde se acumulan los azúcares de reserva en forma de fructosanas, de las que llega a obtener entre 15 y 25%. Este alto contenido de azúcares hace a la planta útil no sólo en la elaboración del tequila, sino también en otras fermentaciones.

Mayahuel la diosa pulquera


Por: Ana G. Valenzuela Zapata y Marie-Sarita Gaytán*
El género Agave es el más numeroso de la familia Agavaceae, originaria de México y con usos ancestrales. Las diversas especies han sido usadas para la obtención de fibras, jugos derivados del raspado de tallos (aguamiel-pulque) y alimentos dulces de tallos y hojas (cabezas-piñas) tatemadas. De estos últimos se derivaron los mezcales, bebidas destiladas de alta concentración alcohólica, después de la conquista. Los usos de agaves pulqueros (magueyes) del centro de México, en una zona templada óptima para el crecimiento de este tipo de especies fueron domesticados gracias a sus características de suculencia, para aguamiel, pulque y fibras.

Desafortunadamente, el mito de Mayahuel (diosa del maguey pulquero) se tomó para los agaves mezcaleros del occidente de México, de los cuales es imposible extraer jugos de las hojas y menos raspar sus tallos. Por lo tanto, la Mayahuel para el tequila carece de evidencias históricas, de lógica y de fundamentos. Sin embargo, fue tomado por los industriales del tequila del decenio de los setentas (siglo XX), para apoyar la relación ancestral indígena del tequila y a falta de otras investigaciones arqueológicas e históricas en la región: Mayahuel se instaló en la historia tequilera.

Esta intención de ubicar a Mayahuel en la historia del tequila, proviene de entre varias necesidades mercadológicas, de vacios de información. Por ejemplo, pocas investigaciones arqueológicas e históricas en el occidente de México que actualmente se han intensificado en los Guachimontones y segunda la baja indagación sobre las diferencias entre las plantas del género Agave, numeroso y de usos totalmente especializados según grupos y regiones.

Una tercera posibilidad se debe a la necesidad de hacer una salida pragmática para los curiosos fans y la publicidad del tequila y afianzar una idea de larga tradición del uso del agave azul para una bebida alcohólica con una deidad ex professo construida por los aztecas, sin mencionar los casos de los códices zapotecas.

Con ello, se confunden las historias del tequila y el pulque, las especies de agave y por otra parte se margina al aguamiel de su verdadera historia y de su posición inicial como bebida mexicana por excelencia.

Mayahuel madre lactante
Según la leyenda, una noche Ehécatl-Quetzalcóatl, el viento cósmico, viajó al cielo para visitar a la joven virgen, Mayahuel. Mientras dormía Mayahuel a lado de sus dos hermanas y abuela (una Tzitzimime o demonio de estrellas), Quetzalcóatl le susurró al oído y le convenció a bajar a la tierra para convertirse juntos en un árbol de dos ramas. Cuando se despertó su abuela y vio que Mayahuel ya no estaba, viajó a la tierra con un grupo de demonios para encontrar a su nieta. Al encontrar el árbol donde se habían unido la pareja, la abuela de Mayahuel rompió las ramas y se la dio a los demonios para comer. Después de irse, Quetzalcóatl rescató unos restos del cuerpo de Mayahuel y los quemó. De estos restos creció el primer agave. Los huesos de Mayahuel botánicamente pueden referirse a los rizomas, tallos modificados subterráneos que quedan bajo el suelo y aun cuando las plantas madres son cosechadas o terminan su ciclo, de estos órganos emergen nuevos vástagos.

Como una diosa lunar, a Mayahuel se le representa con 400 tetas que usa para nutrir a los humanos con su blanco pulque lechoso. En las culturas indígenas, el patrimonio celestial del agave está asociado con "lo femenino, la fecundad, el agua, la lluvia, la vegetación y sus ciclos". El Agave, siendo una planta formada durante el encuentro terrestre de una diosa fue celebrado como la parte terrestre del símbolo de la luna. La luna y su relación con el agave desempeñaron un papel importante para las civilizaciones Mesoamericanas. Benítez (2000) lo describe así:

Al apoderarse los indios de a las virtudes de la luna como sus propias virtudes, construyeron un modelo que constituía el patrón de donde se derivaba toda acción humana trascendente... Los poderes sagrados de la luna hallaron su perfecta expresión en el maguey (agave).

Incluso el nombre “México” viene del Náhuatl, metzli (luna) y xictli (ombligo) y co (lugar). Sin embargo, algunos han sugerido vínculos etimológicos aún más fuertes, diciéndo que “México” viene de la palabra Náhuatl Me xixtl co, donde Metl se refiere directamente a la asociación del maguey con la luna. Entonces, dependiendo de la fuente, México significa o “Lugar en el ombligo de la luna” o “lugar en el ombligo del maguey”.

Historia adulterada de Mayahuel en el tequila

En resumen, la historia de Mayahuel ha sido bien explotada e insertada en la cultura tequilera, como la contraparte del ideal femenino-masculino. La Muestra de Cine Internacional en Guadalajara establecida en las últimas dos décadas por la Universidad de Guadalajara, ha incurrido en la misma simbología con el premio Mayahuel para la mejor película del festival y la Academia Nacional del Tequila también tiene un premio “Mayahuel” para los mejores tequilas del año. Más allá del mito de la diosa lactante sin vinculación con el tequila, que nació como una necesidad de integrar lo indígena-femenino al imaginario mestizo-masculino.

Junto con el mariachi y los charros, el tequila es unos de los productos e íconos mexicanos más reconocido en el mercado mundial. Sin embargo, en los dos primeros ejemplos de íconos mexicanos, contamos con presencia femenina indiscutible, mariachis de y con mujeres y escaramuzas. ¿Donde están las mujeres del tequila?

Desde el 2006 realizamos una investigación que busca responder a esta pregunta al documentar la participación de mujeres en la cultura e industria del tequila, destacando sus persistentes contribuciones a uno de los productos más importantes de México. Aunque académicos, inclusive biólogos, economistas, historiadores y sociólogos han descrito los orígenes del tequila y su significado en la sociedad mexicana, aún no se ha escrito sobre el papel de las mujeres en la evolución y desarrollo de la cultura e industria del tequila. De hecho, es tan común no mencionar la participación de mujeres en el entorno de tequila que una de las publicaciones más importantes sobre el tema se titula, La historia del tequila, de sus regiones y sus hombres (Luna, 1991) que les omite por completo. Nuestro trabajo busca interrumpir esta narrativa.

A partir del mito de Mayahuel, la diosa del maguey pulquero se ha explotado una imagen y una leyenda acerca del agave azul y el tequila: ella, lo femenino, es la planta, y él, lo masculino, es el tequila. Entonces, como muchas historias sobre la nación mexicana, el mito de Mayahuel funciona como una metáfora que enfatiza al papel de mujeres como “madre” o parte esencial de la naturaleza. Además, el papel mítico de Mayahuel demuestra una paradoja en la representación de mujeres: están imprescindibles en el patrimonio cultural de la industria, pero están en los márgenes de la evolución y organización de la industria actualmente. Como consecuencia, la invisibilidad de las mujeres les despoja de su desempeño y promueve una memoria colectiva de tequila y la nación en sí, pero más masculinizada.

*Investigadoras de la Universidad de Guadalajara y la Universidad de California, Santa Cruz.

El uso del maguey





Texto: Beatriz Oliver Vega

De las múltiples plantas de México que benefician al ser humano, el maguey ha sido una de las más aprovechadas, tanto por los antiguos mesoamericanos como por las actuales habitantes del altiplano central. Pocos son los vegetales que proporcionan al hombre casa, vestido, sustento y salud, además de ser un medio de conocimientos (papel). Por estas razones el maguey ha sido calificado como excepcional.

Diversos estudiosos coinciden en afirmar que México es el centro y origen de dispersión del maguey, ya que en este inmenso territorio (se localiza desde los 6 hasta los 40 grado s de latitud norte) existen en estado silvestre agaves de formas menos evolucionadas, así como el mayo número de variedades. Su presencia en países asiáticos y del Mediterráneo se debe a que el hombre lo llevó a esos lugares para su explotación.

EI agave vive en un medio semidesértico, con escasas lluvias. Llega a su madurez entre los ocho y los doce años y florece sólo una vez, muriendo al poco tiempo. En sus anchas, espinosas y protegidas hojas, llamadas pencas, se almacenan Ias sustancias nutritivas que le permiten sobrevivir en un medio hostil, así como a una serie de insectos, entre los que se encuentran el gusano “magueyero" y Ia hormiga aguamielera, ambos alimentos deI hombre.

EI género agave comprende dos subgéneros: el Littaea y el Agave. EI primero de forma espigada, con alto contenido de saponina, se destina a ornato y contiene esmílagenína, materia prima indispensable para elaborar esteroides. Las especies que componen el subgénero Agave se explotan para producir bebidas fermentadas -el pulque- y destiladas -el tequila o los mezcales-, o bien para extraer fibras, forrajes y alimentos. Es el caso del Agave fourcroydes o henequén y el Agave sisal, cultivados en Ia zona costera deI golfo de México y Ia península de Yucatán. Otros productores de fibras son el Agave lechuguilla, aprovechado en el ValIe deI Mezquital, y el Agave peacockii, cuyo hábitat es el ValIe de Tehuacán.

Entre los agaves que producen bebidas alcohólicas, además deI A. tequílana y eI A. angustífolía, tenemos el A. atrovírens Kawr, A. lehmannii, A. cochlearís y A. lattísíma Jacobí, de donde se saca el aguamiel, ingrediente fundamental en Ia elaboración deI pulque.

Las evidencias arqueológicas indican que hace más de 10 000 años los grupos nómadas y seminómadas utilizaban distintos tipos de agaves para Ia extracción de fibras y como alimento.

Hacia el año 200 a.C. el maguey se cultivaba en Tula, Tulancingo y Teotihuacan, donde se han encontrado raspadores de obsidiana.

Según Ia mitología mesoamericana, el descubrimiento deI A. atrovírens Kawr o maguey pulquero fue un hecho importante, y así lo atestiguan varios códices en donde se menciona su empleo. Los Anales de Cuauhtitlán refieren que en un lugar llamado Texcalapan, una mujer otomí lavó por primera vez las fibras del agave. Hacia el año 804 d.C., cuenta la historia oral, cuando empezó el reinado de los chichimecas avecindados en Cuauhtitlán, la diosa Itzpapálotl los llamó y les dijo: “Vos debéis de construir como vuestro señor a él, ¡Uactli! ¡Id para allá hacia Neguameyocan!, fundad la casa de tzíhuac y Ia casa deI agave silvestre [...] y allá debéis de extender Ia estera de tzíhuac y Ia estera de nequámetl".

EI Códice Chimalpopoca apunta una fecha relacionada con el maguey y Topiltzin TIamacazque Ce Ácatl, QuetzaIcóatl, quien nace en el año 1 ácatl (843 d.C.). Este personaje, además de sabio, es considerado como constructor de templos y palacios, aI igual que sacrificador de animales. Según Ia leyenda, Quetzalcóatl vivía religiosamente enseñando el arte cerámico a sus vasallos, pero muchas veces su labor era interrumpida por los demonios para convencerlo de que hiciese sacrificios humanos. AI ver que no aceptaba, se reunieron Tezcatlipoca, lhuimécatl y Toltécatl --este último uno de los dioses deI pulque- con el fin de tramar algo para que Quetzalcóatl dejara su pueblo y así gobernar ellos.

Decidieron que lo harían infringir las normas de conducta induciéndolo a beber pulque. Entonces Tezcatlipoca llegó hasta los aposentos del tlatoani y le mostró un espejo de obsidiana para que “se conociera con sus propios ojos” después de lo cual, desconcertado por su fealdad, Quetzalcóatl se refugió en un lugar apartado.

Posteriormente Ihuimécatl hizo que el príncipe saliera de sus escondite, y los tres lo invitaron a comer quelites muy picantes, pidiéndole que bebiera pulque. Ante la negativa de Topiltzin, los dioses insistieron una y otra vez, hasta que finalmente ingirió cinco tazas. Arrepentido, Quetzalcóatl deja Tula y se dirige en busca de la tierra de dos colores, rojo y negro, Ia Tierra deI Incendio. En el año de 895 d.C., después de Ilegar a Ia orilla deI agua divina, él mismo se incinera. La leyenda afirma que el corazón de Quetzalcóatl se transformó en Ia "estrella que brilla en el alba", es decir el planeta Venus.

Otros códices como el Magliabecchí, el Florentino, el Borgia y el Laud señalan una clara conexión entre los dioses deI ciclo agrícola y los deI pulque. Entre éstos destaca Tezcalzócatl, como el propio pulque, al igual que Ia diosa Mayahuel ("patrona" deI día tochtli), quien se muestra dentro de Ia planta deI maguey adornada con el quechquémitl color esmeralda, decorado con franjas amarillas.

En el Códice Borgia, Mayahuel vestida de blanco personifica aI pulque, ya que este color es el deI vino. EI cabello de Ia diosa es de color de fuego, y está adornado con una cadena de piedras preciosas de Ia que cuelga Ia cabeza de un pájaro estiIizado, así como Ia figura deI Sol, lo cual indica Ia naturaleza caIiente de Ia bebida.

En Ios códices, Ios dioses deI pulque están representados con características especiales que nos permiten reconocerlos: Ia primera de ellas es Ia doble pintura faciaI, eI rojo y eI negro con manchas amarillas; Ia segunda es eI yacameztli o nariguera en forma creciente. Los antiguos mesoamericanos aprovechaban eI maguey de múltiples maneras: con Ios quiotes manufacturaban Ia estructura habitacionaI; posteriormente, se cubrían techo y paredes con Ias pencas, Ias cuaIes a su vez se utilizaban como canales conductores de agua, platos, materia prima para elaborar el papel con que se hacían los códices, y también para engalanar a sus dioses.

Así mismo, de las pencas se extraían las fibras necesarias para manufacturar cactlis y telas para la confección de huipiles, naguas, mantas o tilmalis, estas últimas empleadas como preciados regalos a los nuevos tlatoanis, para declarar la guerra a otros señoríos o como moneda en tiempos prehispánicos. Desde muy pequeña, Ia mujer era Ia encargada de elaborar Ias diversas prendas en el telar de cintura; para Ias más finas se utilizaban Ias fibras deI corazón deI maguey. Para obtener una manta térmica, a los hilos deI ixtle se le agregaban plumas y pelo de conejo. Las láminas de los códices Matrícula de Tributos y Mendocino muestran los señoríos que cada 80 días tributaban mantas a Ia Triple Alianza -integrada por Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan. EI señorío de Hueypochtlan, además de mantas, proporcionaba mieI negra o neuctli. Nada deI maguey se desperdiciaba, pues con Ias flores se elaboraban exquisitos platillos. Las púas servían como agujas de coser y para los usos rituales deI autosacrificio.

Dentro de Ia farmacopea mesoamericana los derivados deI maguey (el pulque o Ia mieI) fueron utilizados para el mejoramiento de ciertas enfermedades. Los escritos deI protomédico Francisco Hernández mencionan que Ias pencas asadas aplicadas calientes sobre el vientre deI enfermo calmaban los dolores, desbarataban los cálculos renales y desalojaban Ias vías urinarias. Así mismo, el jugo de Ias pencas asadas y serenadas toda Ia noche se le daba al enfermo (dos veces al día) para aliviar sus malestares, y con Ia tela que cubre Ia hoja, Ia gente cicatrizaba rápidamente Ias heridas. Una taza de pulque después deI parto y durante Ia lactancia era lo más indicado para que Ias madres produjeran Ieche y amamantaran a sus hijos.

Con Ia conquista y colonización europea Ios derivados deI maguey tuvieron un incremento, EI pulque dejó de ser una bebida ritual (quedando Iibre de restricciones para su consumo), además de recibir un impulso considerable para venderlo. Los europeos a su vez iniciaron Ia destilación de otros agaves con Ios que elaboraron aguardientes denominados mezcales.

Los indígenas manufacturaron cuerdas de ixtle de diferentes dimensiones y Ia producción de ayates aumentó, ambos implementos de trabajo muy importantes en Ia extracción de minerales en Ias zonas mineras y en Ia construcción de edificios religiosos y gubernamentales de Ias nuevas ciudades. Los mecapales empleados por Ios indígenas para el acarreo se convirtieron en cinchos y aparejos utilizados en Ia arriería y Ia navegación, con Io cual se intensificó el cultivo deI maguey, Dentro de Ia farmacopea colonial, Ias pencas fueron ampliamente aprovechadas para aliviar Ios azotes que recibieron los indígenas a manos de Ios capataces.

Para finales deI siglo XIX, debido a Ia creación de nuevas vías de comunicación como el ferrocarril, la producción de Ias haciendas pulqueras de Ios Llanos de Apan y Cuauhtitlán se Ilevaba a Ia metrópoli. Además, algunos pequeños empresarios intentaron industrializar Ios productos derivados deI maguey, manufacturando escobas, cepillos y Iazos.

Actualmente Ias poblaciones indígenas y rurales continúan beneficiándose con el maguey, pero es necesario incrementar su cultivo -resolviendo problemas de erosión de Ia tierra y delimitación de áreas de siembra- al igual que Ia manufactura de distintas artesanías, entre ellas, cestos, útiles de aseo y objetos ornamentales. En el año de 1960 se trató de vender el pulque enlatado, pero como es una bebida viva, se descompone fácilmente debido a su rápida fermentación, por lo cual el proyecto no siguió su curso. En los albores deI siglo XXI -debido a Ia irracional explotación, a lo inadecuado de Ias siembras y a Ias políticas tendentes a sustituir el uso de Ias fibras naturales por sintéticas y deI pulque por otras bebidas como Ia cerveza, el vino o los rones- el maguey y sus derivados tienden a desaparecer. No obstante, se continúan Ias investigaciones a nivel de laboratorio para su aprovechamiento industrial, como son fibras, celulosas, papel para elaborar billetes bancarios, aglomerados, fructuosa, acetona, saponina, sueros glucosados e insulina, plásticos y forrajes.

Fuente: México en el Tiempo No. 6 abril-mayo 1995

Maguey o Agave

Maguey es una palabra de origen antillano que denominaba al aloe o sávila. Los españoles la tomaron para llamar así a todas las plantas parecidas que fueron encontrando a su paso.

Agave es el nombre científico que le dio al maguey el naturalista sueco Carlos de Linneo a mediados del siglo XVIII (del vocablo grecolatino agavus). En lengua náhuatl el maguey es llamado “metl” o “mexcalmetl”.

Las palabras maguey y agave son sinónimos. La diferencia está en el uso que se le da a la planta. La sábila (o aloe) es aquella que se utiliza para fabricar aceites o jabones. El henequén (agave fourcroydes) es la que se usa para producir fibras. Del maguey se produce el pulque, bebida fermentada muy popular en México y de baja graduación alcohólica (maguey manso o agave atrovirens Kawr). El agave es la planta de cuyos jugos fermentados y luego destilados se obtiene el mezcal o el tequila.

Hay más de cien variedades de magueyes o agaves. Son plantas hermafroditas y monocotiledóneas, es decir que su semilla es indivisible, como el maíz. Si bien de aspecto son parecidas a los cactus, pertenecen a otra familia, las amarilidáceas.

Solo en México existen más de cien especies, una veintena de subespecies y casi treinta variedades, con formas y tamaños diferentes. Encontramos desde el más pequeño “henequén” o el agave deserti de Baja California, cuyas hojas solo tienen 30 cm. de largo, hasta el más grande que crece en el centro del país que llega a tener un diámetro de 10 metros y una altura de 3 metros.

Tienen forma de piña (o ananá) de la cual salen sus hojas o pencas, a veces rectas y otras dobladas de manera caprichosa, carnosas pero duras, de bordes espinosos, a veces de color amarillo, y con una púa en la punta. Sus flores (llamadas quiotes) llegan a medir 12 metros. El color va desde el verde claro hasta el verde oscuro casi púrpura, pasando por varios tonos de azul.

Se reproducen de dos maneras. Una forma es cortar sus flores, quitar los pétalos, ya que en cada una de ellas se forma una yema que da origen a un hijuelo (un quiote puede dar de 550 a 2500).

La otra es a partir de un rizoma que sale de la base de la planta que al estar a ras del suelo, le da el sol y entonces crece una yema que da origen a un hijuelo (desde su primer año, la planta da de 8 a 15 hijuelos, por lo cual es importante mantener el terreno desmalezado).

En ambos casos se siembran estos hijuelos en invernaderos hasta que den raíces (de 3 a 4 años). Luego son transplantados al lugar definitivo hasta que alcancen el tamaño necesario para cosecharlos (tardan alrededor de 7 años en desarrollarse).

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